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El fichaje estrellado: Julio Baptista

El Real Madrid fue incapaz de sacarle al brasileño el rendimiento que llevaba dentro, siendo el jugador el principal perjudicado de su salto al club de Chamartín.

Julio Baptista durante su etapa en el Real Madrid El Madrid no supo exprimir la calidad de Baptista (FOTO: Getty Images)

Cuando durante el verano de 2005 el Real Madrid pagó 25 millones de euros al Sevilla para hacerse con los servicios de Julio Baptista, Florentino Pérez pensó que había comprado 20 goles por temporada. Y, probablemente, así hubiera sido… si a su vez en el banquillo se hubiese sentado un entrenador que supiera de qué jugaba el brasileño. Vanderlei Luxemburgo, a pesar de ser compatriota, fue incapaz de verlo.

En sus dos campañas anteriores en el Ramón Sánchez Pizjuán, la Bestia, como se le conoce, había maravillado al fútbol español con su capacidad física y su facilidad goleadora, la cual fue descubierta casi por casualidad, pues los técnicos sevillistas le ficharon como mediocentro de contención. Pero a Joaquín Caparrós se le ocurrió colocar a Baptista de llegador e hizo una de los grandes descubrimientos de la historia reciente del club hispalense.

El resultado de aquel experimento fueron casi 50 goles para el Sevilla en dos temporadas y 25 millones de euros para las arcas de Nervión. La mayor parte de los goles del atacante de Sao Paulo, por cierto, compartieron los mismos rasgos distintivos: Entrando desde segunda línea, aprovechando el factor sorpresa para evitar la marca de los defensas y sin guardarse ni un ápice de la potencia física que siempre le ha caracterizado.

En Baptista no ha habido nunca ni rastro de velocidad, habilidad o regate, por lo que sorprende que en cuanto se enfundó la camiseta blanca comenzara a verse desplazado a la banda, donde le era imposible driblar, llegar al fondo y centrar porque sus cualidades no se lo permitían. La Bestia empezó a verse 30 metros más lejos del área de lo que estaba acostumbrado, lo que le impedía hacer gala de su llegada y, por consiguiente, aportar la cantidad de goles que se esperaba. Tampoco el ambiente general que envolvía al equipo le ayudaba…

El resultado fue una cesión al Arsenal a cambio de José Antonio Reyes que tampoco resultó exitosa (los gunners rehusaron ejecutar su opción de compra sobre el jugador). Nuevamente hay que decir en defensa de Baptista que Wenger estuvo torpe a la hora de utilizarle, pues le quiso pegar tanto al portero rival que quiso convertirlo en lo que no era: un ’9′. Tan perjudicial para un tipo de las condiciones de la Bestia es alejarle mucho del área como empotrarle en ella y matarle los espacios.

Cuando volvió a Madrid, Baptista dejó su mejor momento en una visita al Camp Nou, marcando el gol que rompía una racha de 24 años sin ganar de los blancos en Liga en el feudo azulgrana, si bien esa diana no le valió para asegurarse un puesto de titular y acabó por obligarle a emigrar rumbo a la Roma, donde su estancia ha contado con luces y sombras. Ahora, en el Málaga, Baptista vuelve a demostrar de lo que es capaz, como también lo hizo durante algún tiempo (antes de estancarse en el Madrid) en la mismísima selección brasileña. Baptista, más que un fichaje estrellado, fue un fichaje al que los entrenadores estrellaron.

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