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El fichaje estrellado: Predrag Spasic

200 millones de las antiguas pesetas pagaría Ramón Mendoza en latemporada 1990/91 para hacerse con los servicios del defensayugoslavo, que sería recordado por el gol en propia puerta anotadofrente al Barcelona.

Predrag Spasic agarra de la camiseta a Emilio Butragueño en el España-Yugoslavia del Mundial de 1990 El marcaje ejercido sobre Butragueño sirvió a Spasic para fichar por el Madrid (FOTO: Getty Images)

El ‘Agente Spasic’, tal y como fue bautizado el defensa yugoslavonada más llegar a España por su semblante serio y su siniestraindumentaria, aterrizaba en la Casa Blanca el 17 de julio de 1990,avalado por las actuaciones consumadas con la elástica del Partizán deBelgrado (equipo en el que lucía el brazalete de capitán) y por lalabor realizada en la selección de la ya extinta Yugoslavia. Con sucombinado, de hecho, jugó el partido que acabaría desembocando en sufichaje por el Real Madrid, frente a España en el Mundial de 1990.

En el mencionado encuentro, Spasic ejerció un férreo marcaje sobreEmilio Butragueño que encandiló al por aquel entonces entrenador delReal Madrid, Alfredo Di Stéfano. La ‘Saeta rubia’ quedó prendada de lamanera en la que Spasic anuló al Buitre y corrió a pedir su fichaje alpresidente blanco de la época, Ramón Mendoza. Éste se negó en unprimer momento porque al verle calvo pensaba que rozaba la treintena(tenía 25 años cuando aterrizó en el Santiago Bernabéu) aunque,finalmente, acabó accediendo a las pretensiones de Di Stéfano ypagando los 200 millones de las antiguas pesetas demandados por elPartizán de Belgrado.

Sobre el papel la cantidad invertida fue un auténtico dineral yviéndole sobre el terreno de juego se evidenció que la inversión era,todavía, más elevada de lo que parecía a primera instancia. Ya en sudebut, frente al Sevilla, dejó claro Spasic que no ofrecería en elMadrid marcajes similares al ejercido sobre Butragueño y pronto seganó la animadversión de una grada que, para su disgusto, jamás vio enél las cualidades que ‘enamoraron’ al técnico argentino.

Las discretas actuaciones ejercidas por el defensa, sin embargo, nofueron las que dejaron una huella imborrable en los corazones blancossino que lo fue el gol en propia puerta que anotó en el clásico frenteal Barcelona, el 19 de enero de 1991.

En más de una ocasión ha calificado Spasic ese día como el peor desu carrera deportiva, puesto que, cuando Madrid y Barça empataban auno de su cabeza nacía el gol que a la postre daría la victoria alcuadro catalán. El Camp Nou coreó su nombre en señal de sorna y Spasicjamás pudo superar la vergüenza sentida ese día, el mismo que escribiósu condena en el club blanco.

A final de temporada, y tras 22 partidosjugados, el Madrid se deshacía de él y Spasic probaba fortuna enOsasuna, donde consumó tres temporadas discretas. Posteriormente,recaló en el Atlético Marbella de Segunda División, donde sólo jugó 5partidos y un año más tarde colgaba las botas en el Radnicky, club enel que, curiosamente, había dado sus primeros pasos futbolísticos.

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El gol que Spasic anotó en propia puerta, ante el Barcelona

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