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El fichaje estrellado: Thomas Gravesen

El centrocampista danés pasó una temporada y media en el Real Madrid sin cumplir con las expectativas creadas. Eso sí, el propio futbolista encontraría los motivos precisamente el día que se marchaba del club blanco.

Thomas Gravesen durante un partido con el Real Madrid (FOTO: Getty Images) Gravesen, durante un partido con el Real Madrid (FOTO: Getty Images)

Thomas Gravesen (Vejle, 11 de marzo de 1976) es un jugador que aunque no marcara época en el Real Madrid y ni cumpliera con las expectativas creadas cuando llegó al Santiago Bernabéu, sigue en la memoria colectiva tanto del aficionado madridista como de muchos aficionados españoles, aunque no por méritos deportivos, sino por obra y gracia de un programa televisivo, que realizó un especial seguimiento a sus movimientos, en especial al que bautizaron como la gravesinha, con unos vídeos todavía disponibles en YouTube.

El centrocampista danés llegó en invierno de 2005, seguramente con la idea de que ofreciera el mismo rendimiento que un año antes había mostrado Edgar Davids al fichar por el Barcelona en el mercado invernal. Sin embargo, la historia fue bien diferente, aunque Gravesen permaneciera en el equipo blanco más tiempo -una temporada- que lo que hizo el holandés en Can Barça. Y es que para empezar el Madrid se equivocó de jugador. Buscando al nuevo Makelele, a ‘su’ Davids, ficharon al futbolista que no debían, tal y como expresó el propio futbolista en su despedida:

La verdad es que no sé qué vieron en mí, pero yo no soy un especialista en defender, no soy un jugador defensivo. Si el Madrid quería un jugador de esas características, debió haber fichado a Lee Carsley, que jugaba por detrás de mí en el Everton.

Como Thomas Gravessen triunfó y se convirtió en el mejor jugador del Everton antes de aterrizar en Madrid fue jugando como medio centro pero con libertad absoluta para moverse por toda la zona de ataque, llegando a la posición de mediapunta e intentar el disparo a puerta o el pase al hueco. Un buen llegador que en Madrid se le trató como hombre de cierre, presa, como destructor del juego rival más que como constructor, y eso le acabó pasando factura porque no llegó a cumplir con las expectativas creadas.

El danés sí que demostró ser un jugador duro, con entradas al límite del reglamento tanto a sus rivales como incluso a sus propios compañeros de equipo en los entrenamientos. De hecho, fue una dura entrada a su entonces compañero de vestuario Robinho la que acabó provocando su marcha. Ocurrió durante la pretemporada 2006, y la dura entrada provocó una pelea en la que debió intervenir el resto de la plantilla para separarlos y que poco gustó al entonces técnico Fabio Capello.

“Él es así, no vamos a tener problemas con él. Es un poquito particular. Con él no me meto, tácticamente trabaja bien. Su comportamiento es así, a mí no me gusta, hay que hacer siempre todo como él quiere”, aseguró entonces el transalpino, que le abrió la puerta de salida a un Gravessen que fue traspasado al Celtic de Glasgow tras haber disputado 17 partidos de Liga en cada una de las dos temporadas en las que formó parte de la plantilla blanca.

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