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Fichajes Históricos: Maradona

Tras dos temporadas agridulces en el FC Barcelona, El Pelusa fichó por el Nápoles en verano del año 1984, club donde vivió su consagración definitiva como mejor jugador del mundo y uno de los mejores futbolistas de la historia.

maradona Maradona, con el Nápoles

Al igual que vimos con Ronaldo en la primera entrega de esta sección, Diego Armando Maradona era de esos jugadores únicos que marcaba la diferencia dentro de cualquier equipo, y, por ello, sus traspasos de club a club encabezaron el ranking histórico de fichajes de la época. Así, si el FC Barcelona, en verano de 1982, invirtió 1.200 millones de las antiguas pesetas (unos 7’2 millones de euros), récord en ese momento, por el 10 argentino, el Nápoles, dos años después -1984-, pagaría un precio similar: 1.185 millones de pesetas (unos 7’1 millones de euros).

Como siempre al hablar de futbolistas de este nivel, ambas operaciones no se resolvieron fácilmente. La primera lo hizo el 4 de junio de 1982, cuatro años después de que Nicolau Casaus y César Rodríguez El Pelucas, en funciones de ojeador, vieran jugar al pibe con Argentinos Juniors, y entre medias hubiera costado Dios y ayuda cerrar cifras debido a que había tres equipos implicados (Argentinos, propietario del jugador; Boca Juniors, donde Maradona estaba cedido, y que legalmente disfrutaba de una opción de compra; y el Barça), y aparecieran otra trabas, como las del propio Ministerio de Comercio, temeroso, en una época no ‘globalizada’, ante la salida de tanto dinero del país (incluso el presidente culé, Josep Lluís Nuñez, planteó que el dinero del fichaje fuera reunido entre los socios…en Andorra!).

La segunda se confirmó el 30 de junio de 1984, tras cerrarse en banda el jugador a seguir vistiendo de azulgrana por mil motivos (la sanción de tres meses que recibió por las peleas en la final de la Copa del Rey de ese año contra el Bilbao; la sensación de que la directiva no le había defendido lo suficiente en ese asunto; la permisividad de los árbitros con el juego duro en España…), y teniéndose que resignarse el Barcelona a venderlo (Nuñez lo anunció con un “muy a pesar mío, Maradona se va”), no sin antes intentar aumentar en 200 millones de pesetas la cantidad que acabaría recibiendo del Nápoles. La operación estuvo durante semanas en un callejón sin salida, llegando a a declarar, ya traspasado, el centrocampista argentino que “en la reunión del pasado viernes [29 de junio de 1984] no llegamos a las manos porque creo que somos razonables”.

Sin embargo, las cifras deportivas justifican por sí solas la inversión del club italiano: la mitad del palmarés (incluidos todos los titulos importantes: dos Scudettos y una UEFA) que acumula el Nápoles, además de dos subcampeonatos ligueros y otra final de Copa añadida a la que ganó en 1987, lo consiguió con El Pelusa en la plantilla, quien, obviamente, se convirtió desde el primer día en el ídolo y figura de los hasta entonces mediocres celeste (y según Corrado Ferlaino, presidente en ese momento de la entidad napolitana, incluso en algo más, pues hace cinco años explicó que Maradona “se encargaba de hacer de entrenador”, mientras el técnico Ottavio Bianchi “era más un preparador físico”), así como en uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

En el año 1992, por cierto, volvería a España para jugar en el Sevilla a cambio, pese a que ya estaba en su etapa de declive -32 años de edad-, de unos también importantes en su momento 750 millones de pesetas (4’5 millones de euros).

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