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Informe MF: Cinco fichajes que han cambiado la historia reciente

De la sonrisa de Ronaldinho a las malas pulgas de Mourinho, Mercafutbol repasa los cinco fichajes más importantes de los últimos años.

ronaldinho Ronaldinho, en su llegada a Barcelona (FOTO: Cordon Press)

 

Ronaldinho (verano 2003)

Nunca un plan B salió mejor. Joan Laporta prometió el fichaje de David Beckham para llegar a la presidencia del Barça y al final se tuvo que conformar con Ronaldinho. Aquella carambola fue el embrión del mejor Barça de la historia, que recuperó la sonrisa gracias al astro brasileño. Ronaldihno lideró la resurrección de un club moribundo, que se desintegraba desde los despachos y que carecía de un referente sobre el campo.

Cierto es que el Barça de Frank Rijkaard, en su primera temporada, sólo encontró equilibrio con la llegada en el mercado invernal de Edgar Davids, y que luego se unirían Eto’o, Deco o Giuly para completar una plantilla maravillosa, en la que ya estaban Puyol, Xavi o Iniesta, pero el Barça de la final de París es el Barça de Ronaldinho. Con su saludo surfero y su inagotable talento dijo adiós a la época galáctica y puso en marcha la etapa más orgullosa de la historia del club azulgrana: 6 títulos de Liga en los últimos 10 años. Una leyenda.

Pep Guardiola (verano 2008)

Fiestas con Moêt Chandon y striptease en el aeropuerto aparte, el barcelonismo nunca le podrá agradecer lo suficiente a Joan Laporta el fichaje de Pep Guardiola. Era el verano de 2008 y, bien por una nueva carambola del destino, bien por un olfato de perro para la presa de decisiones, el presidente azulgrana apostó por Pep, recogepelotas, jugador, capitán, emblema, saco de golpes y paraguas de críticas. Pep llegó, se cargó a Ronaldinho y a Deco (Eto’o pidió clemencia), perdió el primer partido de Liga, empató el segundo, alimentó al culé pesimista que reina en cada seguidor azulgrana y, a partir de ahí, ganó, ganó y ganó.

Educado para unos, actorazo para otros, Guardiola reconoció en cada rueda de prensa que su Barça era el Barça de Cruyff y de Rexach, de Van Gaal, de Frank Rijkaard y de Ronaldinho. Tenía razón, pero ni el Barça de Cruyff ganó tanto, ni el de Van Gaal jugó tan bien, ni el de Rijkaard consiguió una hegemonía en el fútbol mundial tan firme y tan duradera como el suyo, como el Barça de Guardiola. Dos Champions en tres años, tres Ligas y un sextete irrepetible, coronado con sus lágrimas en la final de Abu Dhabi, son el recuerdo más bello de un equipo que nació y se hizo eterno al amparo del mejor entrenador del mundo.

mourinho

Jose Mourinho (verano 2010)

Aterrizó en el Santiago Bernabéu en verano de 2010 como el “antiBarça” de Guardiola. Jose Mourinho había conseguido eliminar al cuadro culé en las anteriores semifinales de la Champions League con el Inter de Milan, un equipo netamente inferior a Barça o Madrid al que luego haría campeón de Europa. Mou llegó al Madrid con la vitola de ganador compulsivo, de entrenador de estrellas, de técnico capaz de sacar el máximo rendimiento a sus plantillas. Era la última carta de Florentino Pérez (luego se demostró que no) para acabar con la hegemonía del Barça en la Liga. Su última esperanza.

El bagaje de Mou en el Madrid fue más bien pobre, no tanto por los títulos cosechados por el equipo blanco (la Liga de los 100 puntos y la Copa), sino por la imagen que dio el club durante su estancia en los banquillos. Malhumorado, altivo y con los bolsillos llenos de excusas, Mourinho generó un ambiente de tensión en la competición que se convirtió en insostenible para la mayoría de aficionados. El Barça no supo gestionar las provocaciones del portugués y Guardiola se desgastó en cada frente que abría Mou. Eso sí, más allá de sus shows extradeportivos, el de Setúbal estableció las bases de un Real Madrid serio, competitivo y capaz de plantar cara a cualquier equipo del mundo. Carlo Ancelotti ha recogido esos frutos y ha confirmado que se puede dirigir un vestuario de estrellas sin menospreciar a nadie y torear a la prensa sin bajar a las trincheras. El Barça es el principal culpable de los actuales males del Barça, pero Mou contribuyó a erosionar esa época dorada.

Andrea Pirlo (verano 2011)

El hombre que decidió que Andrea Pirlo no debía seguir su carrera en el Milan tiene un monumento en cada puerta de Delle Alpi. El centrocampista de mayor talento del fútbol italiano en muchos (muchísimos) años firmó por la Juventus en verano de 2011 y, con él, el título de la serie A cogió el puente aéreo de Milán a Turín. La Vecchia Signora decidió que un regalo hecho con tanto cariño sólo podía aprovecharlo al máximo y construyó un equipo alrededor de Pirlo, que ha respondido a su jubilación anticipada como siempre ha hecho: jugando al fútbol como los ángeles.

La Juve acumula dos títulos del Calcio seguidos y este año, salvo desgracia mayúscula, completará el triplete. Aunque los bianconero no han extendido su dominio a la Champions League, nadie se atreve a descartar todavía al equipo de Pirlo. ¿Y el Milan? Undécimo a más de 30 puntos de la Juve

Javi Martínez (verano 2012)

Un iluminado culé creyó que pagar 40 millones de euros por Javi Martínez estaba fuera de mercado y el centrocampista del Athletic hizo las maletas hacia Munich. A Javi le costó adaptarse a los automatismos del Bayern, pero cuando superó la fase de adaptación se hizo con un puesto fijo en el once de Heynckes y se convirtió en una pieza esencial en el histórico triplete del club muniqués. Más de uno se pregunta qué habría pasado en la Champions si Javi Martínez hubiera vestido la camiseta del Barça y no la del Bayern en aquella semifinal (7-0, global) de funesto recuerdo para el Camp Nou.

Aunque es pronto para hablar de la hegemonía del Bayern, todas las piezas están en orden para ello: el mejor equipo, el mejor entrenador. En esa máquina total que es el equipo de Pep Guardiola, Javi Martínez hace de todo y de todo bien: apaga fuegos, corre por él y por sus compañeros, destruye, llega a la frontal y domina el juego aéreo… exactamente lo que echa de menos el Barça. 40 millones eran demasiado. No para Alexis ni para Cesc, pero sí para Javi Martínez. El resto de la historia, pronto se escribirá…

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