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Informe MF: el Clásico, en cinco detalles

El Barça se lleva tres puntos y media Liga en el Clásico, que acabó 2-1 gracias a un golazo de Luis Suárez.

luis-suarez Suárez, celebrando un gol (FOTO: smh.com.au)

Intercambio de roles tradicionales en el segundo Clásico de la temporada, éste más decisivo que el de la primera vuelta en el Santiago Bernabéu. El Madrid llevó la iniciativa y puso el juego en la primera hora de partido y el Barça, torpe en la salida, se apoyó en un imperial Piqué para resistir los ataques blancos y sólo fue capaz de responder a balón parado y al contraataque. Una genialidad de Suárez al poco de arrancar el segundo tiempo dio alas al Barça, que se sacudió la presión del Real Madrid (cada vez menos intensa) y pudo golear si Neymar hubiera estado más acertado.

El 2-1 del final deja a los blaugrana con cuatro puntos de ventaja sobre el eterno rival a 10 jornadas para el cierre de la Liga. Mucho, si tenemos en cuenta la fragilidad de uno y otro a lo largo de la temporada; pero no tanto si nos fijamos en las trayectorias opuestas que han seguido Barça y Madrid en los tres últimos meses. De hecho, el Barça suma 7 victorias seguidas desde la derrota ante el Málaga y el Madrid sólo ha ganado un partido de los últimos cinco (3 derrotas y 1 empate). Analizamos el Clásico a partir de cinco claves:

- Modric y Kroos aguantan, el Madrid muerde: el croata y el alemán estuvieron impecables en la presión, dominaron los espacios con la ayuda de Isco y de un Bale más implicado en defensa que de costumbre y se comieron al centro del campo azulgrana en la primera hora de partido. Los de Luis Enrique fueron incapaces de sacar el balón desde atrás de forma limpia, lo que motivó que el Madrid robara muy arriba y generara peligro o sensación de poder crearlo. El bajón físico, pero sobre todo mental, de Modric y Kroos coincidió con el gol de Luis Suárez. Cuando ambos dejaron de morder, el equipo se rompió y llegaron las contras del Barça, que se ha especializado en este arte.

- La ausencia de Busquets: Mascherano es el mejor mediocentro defensivo del mundo sin balón, seguramente, pero sus carencias salen a la luz cuando el equipo rival le presiona. El Barça echó de menos a Busquets, que cubre menos campo que el argentino, pero que es indispensable para que el balón llegue a la zona de ataque desde Claudio Bravo. Busi es atrevido para romper líneas de presión con pases horizontales y es un experto en jugar al primer toque y darle ritmo a la circulación del balón. Mascherano se vació con las ayudas y el trabajo de presión, pero no estuvo ágil con el cuero en los pies.

- La fragilidad del Madrid: dominador durante una hora, cuesta creer que el equipo madridista se viniera abajo tras el gol de Suárez en una jugada aislada. No fue una cuestión de piernas, sino de cabeza: el marcador señalaba 2-1, pero la distancia entre uno y otro fue mucho mayor tras la diana del charrúa. Sin fe y sin pasión, el Madrid tiró el Clásico y media Liga en la última media hora, en la que el Barça lo desarboló a base de contraataques. Ancelotti tiene más trabajo como psicólogo que como entrenador.

- Excepcional duelo de nueves: con el mismo número en la espalda (’9′) y la misma posición sobre el campo, Benzema y Luis Suárez son dos delanteros centro muy distintos. El francés está siempre en contacto con el balón, participa del fútbol de combinación del equipo y elabora jugadas para que Cristiano y Bale rematen. No hay nadie como él para desempeñar esa función. Suárez, por su parte, gusta de recibir el balón de espaldas para descargar al primer toque, tira desmarques durante todo el partido y es letal cuando depende más de su instinto que de la pausa. El uruguayo decidió el partido con una acción tan sobresaliente como la asistencia que dio Benzema a Cristiano en el gol del Madrid. Fue un cara a cara precioso.

- Bravo y Piqué, un muro: Gerard Piqué se propuso volver a ser uno de los mejores centrales del mundo a principio de temporada y, como mínimo, ya está al nivel de los más grandes. El catalán cerró por alto todas las acometidas del Madrid, estuvo rápido al cruce y se echó el equipo a la espalda cuando más sufría. Allí donde no llegó Piqué apareció Claudio Bravo, un portero sobrio, ágil y en un estado de forma soberbio que se ha apuntado ya el primer título individual de la temporada: hacer olvidar a Víctor Valdés. El Zámora está a tiro.

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