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Informe MF: la supervivencia del estilo

La selección española trata de recuperar su identidad después de la época más gloriosa de su historia.

vicente-del-bosque Del Bosque, en un encuentro de clasificación (FOTO: Cordon Press)

El próximo 13 de septiembre se cumplen tres meses del debut de España en el Mundial de Brasil, a donde llegamos con la estrella en el pecho, la autoestima por las nubes y la dignidad intacta. Nos avalaban dos Eurocopas y un Mundial ganados con brillantez, con un estilo reconocible y admirado por todo el mundo. Éramos una selección madura, pero que ya había detecado sus carencias e incluso había iniciado la transición hacia una nueva era de gloria en la que el rojo debía volver a ser el color dominante. Éramos los mejores.

Lo que pocos esperaban es que otra Roja, la de Sudamérica (Chile), enterraría a la mejor generación del fútbol español pocos días después de que Holanda cavara nuestra tumba. Han pasado tres meses desde aquel descalabro. Sólo tres meses. Entre medio, un verano para reflexionar, varios dorsales retirados para siempre (el 8 de Xavi y el 14 de Xabi Alonso) y un amistoso con derrota ante Francia (1-0) del que se pueden sacar muy pocas conclusiones. Tres meses en los que ha habido tiempo para debatir sobre la continuidad de Iker Casillas, sobre si Iniesta debe dar un paso al frente, sobre si Diego Costa es el ’9′ que necesita la selección o sobre el papel del Atlético de Madrid campeón de liga en la reconstrucción del combinado nacional.

Tres meses en los que la Federación, con muy buen criterio, decidió ratificar a Vicente del Bosque, que arrancó el partido ante Holanda como el hombre tranquilo que había sabido sublimar la herencia de Luis Aragonés y que lo terminó como ese entrenador de librillo oxidado al que Florentino Pérez jubiló antes de hora. La figura del seleccionador es esencial para lo único sobre lo que España no debería debatir: el estilo. Aunque no haya otro Xavi ni lo vaya a haber, aunque ningún mediocentro entienda el fútbol como Xabi Alonso, aunque Iniesta esté en la recta final de su carrera y aunque Casillas haya perdido el duende.

Poco importa que Diego Costa se sienta más cómodo con un fútbol más directo, que Cesc disfrute como un niño en los correcalles que se lían en la Premier o que Rául García haya llegado a la Roja por lucir músculo y remate. Sólo un camino nos llevó a ser los mejores y sería estúpido renunciar a él, sea como sea la siguiente generación.

Por eso, cuando el balón eche a rodar esta noche en el primer encuentro oficial post trauma de Brasil, la figura más importante será la del seleccionador. Porque de él depende que España se reorganice a partir de sus señas de identidad o tire a la basura la herencia de una generación incomparable: el estilo que bordó la estrella que ahora lucimos en el pecho.

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