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Cristiano, entre el desparrame y el negocio

Cristiano Ronaldo ya es jugador del Real Madrid pero, más que la contratación por parte de Florentino Pérez del actual Balón de Oro, lo que ha llamado la atención de la gente del fútbol y de fuera de él ha sido el estratosférico precio que ha tenido que pagar: 94 millones de euros. Voces procedentes de todas partes claman al cielo por el dinero desembolsado y cuestionan la ética de la operación pero ¿con fundamento?

La gran excusa que se utiliza para ‘criminalizar’ a Florentino por la compra es: «Cómo se puede derrochar así el dinero en tiempos de crisis». Claro que cabe preguntarse: ¿Todo el mundo está en crisis? No. La construcción, el automóvil, el turismo padecen los efectos de la situación económica mundial y eso nos afecta a la mayoría, pero otros sectores como el juego, el alimenticio o el sanitario incluso se han visto beneficiados. Que haya una crisis global no implica que el Real Madrid esté en crisis, aparte de que el Madrid tampoco es quien debe solucionar un problema político y económico global.

Por otro lado, está por ver si realmente es un derroche. Florentino ya gastó todo lo que quiso y más en su anterior etapa (los 75 millones de Zidane fueron igual o más brutales en su tiempo que los 94 de ahora) y el modelo resistió. El Madrid no se vio sumido en una crisis económica por pagar el oro y el moro por los ‘galácticos’. Otra cosa es que tanto ego junto se le fuese de las manos.

El presidente blanco siempre ha dicho que estos fichajes son los más baratos, porque se autorentabilizan, como se dice comúnmente, vendiendo camisetas. Que es una forma de hablar, no lo olvidemos. Es evidente que las camisetas no pagan los 94 ‘kilos’ de CR7, pero sí es posible que lo hagan los contratos de publicidad que genera, los derechos de imagen (que comparte al 50% con el club, punto importantísimo del contrato) y similares. Por ejemplo, qué es más caro, CR7 por 94 o Huntelaar por una cuarta parte (costó unos 25). Parece evidente que los ingresos atípicos que comporta el portugués son bastante más de 4 veces lo que pueda aportar el holandés…

En cuanto el componente ético, por otro lado, cabe hacer algunas reflexiones más. Nadie se ha echado las manos a la cabeza con el reciente estreno de Terminator 4, cuyo presupuesto ha sido de 200.000.000$. O cuando se ha conocido que Tiger Woods gana en un año casi lo que ha costado el fichaje de CR7 por cinco: 90 millones. O cuando el financista mexicano David Martínez pagó 140 millones de dólares por el Number 5, 1948, de Jackson Pollock.

Y una última cosa. El mercado no se rompe una vez, se regenera y se quiebra con el paso de los años. Si otro equipo hubiera tenido el dinero (o la forma de conseguirlo), la necesidad de fichar a un jugador y las ganas de invertir ¿No lo hubiera hecho? En 1973 el Barça rompió la baraja fichando a Cruyff por 360.000 euros. Un dinero irrisorio comparado con los 7.2 que desembolsó en 1982 por Maradona. La Juve pulverizó esa marca en 1990: 13.1 ‘kilos’ por Baggio. Años más tarde ¡hasta el Betis dejó perplejo al mundo pagando 30 por Denilson!

Antes de demonizar el ‘desparrame’, hay que valorar si en realidad, lo que se ha hecho es una inversión, algo que, como suele suceder, sólo el tiempo dirá.

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