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El fichaje estrellado: Arouna Koné

Hace ya varios años que los jugadores africanos comenzaron a plagar los equipos europeos, e incluso algunos apellidos como Diarra, Traoré o Coulibaly están empezando a ser frecuentemente relacionados con el deporte rey. Otro de los apellidos futbolísticos que está ‘conquistando’ Europa es el de Koné, en parte por la contribución de la familia de nuestro protagonista de hoy.

Tres jugadores componen esa saga de momento, Bakari Koné (que actualmente está en el Lekhwiya qatarí), Karamoko Koné (en el Roda) y Arouna Koné, indiscutiblemente el que mejores condiciones tenía para la práctica del fútbol pero que, definitivamente, se ha quedado en el camino. Tanto es así que el Sevilla, tras cederlo el curso pasado al Hannover, le tiene en plantilla aunque sin ficha, a la espera de hallar una solución para su caso que no se antoja difícil.

A pesar de que ahora haya caído prácticamente en el olvido, Koné se convirtió en 2007 en el fichaje más caro de la historia del Sevilla (más tarde le superó Negredo) cuando Del Nido, aconsejado por Monchi, accedió a pagarle 12 millones de euros al PSV Eindhoven, que previamente también había apostado fuerte por él abonando 9 ‘kilos’ al Roda por sus servicios.

En aquella época, Monchi convertía en oro todo lo que tocada (Alves, Baptista, Javi Navarro, Palop…) así que la directiva del Sevilla pensó que si por poco dinero lograban hacerse con jugadores que después multiplicaban su valor, si invertían fuerte por Koné el resultado podría ser espectacular. Pero no fue así. La delantera Luis Fabiano-Kanouté se estaba convirtiendo en una de las mejores de la Liga y Koné no encontraba su sitio.

Sus apariciones, además, comenzaban a desesperar poco a poco a la grada que no veía por ningún lado las cualidades de potencia y velocidad que se suponía que definían al ariete. El Pizjuán casi se dedicaba más a hacer bromas con su peinado (jugador negro teñido de rubio…) e incluso con su nombre (al final, cuando los hinchas se convencieron de que no ya le sacarían rendimiento, le acabaron llamando «Quehasemo Koné»).

En su primer año, Koné participó en 17 partidos de Liga anotando un solitario gol. Un gol que, a la postre y hasta la fecha, sería el único del atacante en Primera División (luego haría otro en Champions). El receptor de ese ‘valioso’ tanto, merece la pena decirlo, fue el Espanyol. Pero aún faltaba lo peor por llegar. Al verano siguiente, en la que se suponía que podía ser ‘su’ temporada tras una primera de adaptación, Koné se lesionó en un amistoso con Costa de Marfil, produciéndose una ‘triada’ que le dejó en el dique secó prácticamente todo el año (acabaría jugando seis ratitos al final).

Desacoplado dentro del equipo y tras superar la lesión más grave que pueden sufrir las rodillas de un futbolista, Koné comenzó la pasada temporada sabedor de que sus opciones de jugar en el Sevilla eran muy pequeñas y que, por tanto, se perdería el Mundial. Así, en invierno decidió irse al Hannover cedido donde, para estupefacción del sevillismo, nada más llegar ‘mojó’. De hecho, jugó 8 partidos y marcó dos goles, un récord viniendo de donde venía pero insuficiente para que el Sevilla vuelva a confiar en él esta temporada que, encima, se presenta ‘caliente’ tras el KO en Champions.

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