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El fichaje estrellado: Carlos Bianchi

Carlos Bianchi es uno de los tipos más importantes de la historia del fútbol (no solo argentino, sino mundial) tanto por sus logros individuales como jugador como por los éxitos cosechados en su posterior etapa en los banquillos. Mientras vistió de corto, perforó redes sin piedad, en Vélez Sársfield al principio y final de su carrera, y en Francia durante un buen puñado de años (militó en el Stade Reims en dos periodos, en el PSG y en el Racing de Estrasburgo).

Su facilidad para ver puerta le valió el apodo del Virrey, haciéndole pasar a la posteridad como el decimotercer máximo artillero de todos los tiempos según la FIFA. Pero, curiosamente, su periplo en la selección de Argentina fue mucho más discreto, pues tan solo alcanzó a jugar poco más de una docena de partidos. No obstante, y pese a tamañas cifras, la verdadera leyenda de Bianchi comenzó cuando colgó las botas y se dedicó a entrenar.

Una carrera que decidió comenzar en Francia y no en Argentina, de la mano del que fue uno de los clubes de su vida, el Stade Reims. Al cabo de algunos años en tierras galas, Bianchi se tomó un periodo de reflexión que solo rompió al recibir la llamada del único equipo cuya camiseta defendió en Argentina, Vélez, en lo que fue una de las decisiones más acertadas (la más importante, en realidad) de la historia del club de Liniers.

Con Bianchi al frente, Vélez completó una de las historias más increíbles que se han visto en el fútbol, un cuento de hadas que llevó a este modesto conjunto de barrio del oeste de Buenos Aires a levantar la Copa Libertadores en 1994, para incredulidad de expertos, analistas, periodistas e incluso aficionados. Un éxito que se convirtió en hito cuando, meses después, en una recordada final contra el Milan, se remató con la conquista de la Copa Intercontinental. Paralelamente, El Fortín se hizo también con tres torneos locales.

Todo ello llevó a Bianchi de vuelta a Europa, concretamente a la Roma (en 1996), done se llevó su primera gran decepción. Aquella temporada no fue buena, tuvo problemas con la directiva y también con la gran estrella de la plantilla, un tal Franceso Totti… Lógicamente, en la capital italiana no había dudas a la hora de elegir entre el todavía hoy gran capitán giallorroso y el técnico argentino, por más que éste llevase la vitola de campeón del mundo bajo el brazo.

Podía pensarse que tal vez lo de Bianchi en Vélez había sido una irrepetible casualidad, que se había producido gracias a una gran camada de jugadores, que simplemente son cosas que pasan una vez cada 50 años en el fútbol… Pero nada de eso. Bianchi regresó a Argentina, agarró un equipo top como Boca Juniors y le llevó a completar uno de los periplos más exitosos de su laureada historia. Al mando del cuadro xeneize, Bianchi no levantó una, ni dos… ¡sino tres Copas Libertadores en cuatro años! Además, remató la faena con sendas Intercontinentales, una de ellas muy recordada ante el Real Madrid galáctico.

El esfuerzo realizado bien valió un año sabático, al menos alejado de los banquillos (no así de colaboraciones y apariciones en los medios) para Bianchi, antes de regresar a Europa para quitarse la espina de dirigir con fortuna en el viejo continente. Pero el club que eligió está capacitado para fagocitar a cualquier estrella que llegue a su vestuario, incluido el único entrenador con cuatro Copas Libertadores en su palmarés que ha existido.

Bianchi no cayó de pie en el Calderón, sino que más bien fue tildado de poco colaborador para con los medios españoles, lo que no le ayudó. Deportivamente, pensó que el club le iba a fichar a Riquelme, cosa que estuvo cerca de suceder pero que al final no se concretó, provocando que sus planes se trastocaran notablemente. Además, la situación institucional del Atleti no pasaba por un momento estable, aunque eso no pillaba de sorpresa a nadie que hubiera leído un mínimo la prensa cercana al Manzanares en aquellos meses.

Para terminarlo de complicar, los resultados no le acompañaron, y pronto se comenzó a hablar de destitución. Tras un empate en Valencia, con 18 jornadas transcurridas, Bianchi tenía al Atlético en una discreta duodécima posición y había acumulado dos meses y medio sin conocer la victoria. Se avecinaba un partido de Copa ante el Zaragoza y el resultado obtenido no pudo ser peor: 0-1 en contra. La grada pidió su cabeza a gritos y el presidente, Enrique Cerezo, ejecutó la orden. Ha sido el último partido oficial del Virrey en un banquillo.

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