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El fichaje estrellado: Emmanuel Amunike

El recientemente fallecido sir Bobby Robson recomendó, en elmercado invernal de la temporada 1996/97, la contratación de EmmanuelAmunike, un extremo zurdo nigeriano al que había dirigido en elSporting de Lisboa y con el que, dos años antes, había conseguido laCopa de Portugal. La petición fue bien recibida por parte de unBarcelona que pagaría 3 millones de euros por él y que se ampararía,al hacerlo, en los éxitos obtenidos por un jugador que, en 1994, habíasido proclamado como Mejor jugador Africano y ganado la Copa deÁfrica, y que en 1996 se había adjudicado, con Nigeria, el oro en losJuegos Olímpicos de Atlanta.

Sus logros y su excelente rendimiento en Portugal, donde lerespetaron las lesiones, fueron, por tanto, la mejor carta depresentación de Amunike (el apellido, en realidad, es Amuneke) por másque el Barcelona no olvidara, en ningún momento, los problemas físicosque habían azotado al jugador en diversos períodos de su carrera.

Fruto de esta situación, la directiva azulgrana escribió unaclásula en su contrato, la que establecía que el fichaje no se pagaríasi Amunike se lesionaba seis meses después de su incorporación.

Quiso el destino que la circunstancia no llegara a darse y queAmunike brillara en sus primeros meses en Can Barça. De enero a junio,el nigeriano jugó 19 partidos de Liga y 2 de Copa y sería bautizadopor Robbson como ‘el nuevo Giggs’.

Sus internadas por la izquierda ysu magnífico saque de banda le convirtieron en un jugador que, comomínimo, creó expectativas. En la temporada 1997/98, sin embargo, en laque Amunike debía confirmarse como el gran fichaje que había anunciadoRobson, empezó su calvario. Tres partidos de Liga de Campeones y unode Supercopa de España completaron el bagaje del nigeriano en unacampaña en la que se lesionó la rodilla e inició un complicado y largoproceso de operaciones incesantes y recuperaciones interminables.

Tras dos temporadas más en el dique seco, Amunike reaparecería, enel año 2000, para jugar, con el Barcelona, un partido de CopaCatalunya contra el Mataró (3-0). Fue su última participación en unaentidad que decidiría mandarle al Albacete. Allí jugaría dostemporadas para, posteriormente, probar fortuna en el Al-Wihdat deJordania, donde colgaría las botas en 2004. Años después de hacerlo,en 2008, analizaría su paso en Can Barça para el diario Sport yseñalaría:

No le guardo rencor, pero me trataron como si no fueranadie. Estaba lesionado y luchaba para recuperarme… pero parecía queno estuviera dentro del equipo. Aunque estoy contento, porque hepodido seguir con mi vida. No concreté mi sueño, pero no tengo malosrecuerdos. El tiempo coloca a cada uno donde semerece

Acabada su carrera como futbolista, y como también hicieranProsinecki o el Tren Valencia, Amunike explotaría su facetainterpretativa gracias (o por culpa) a Renault…

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