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El fichaje estrellado: Fabio Rochemback

Hoy en día el Barcelona y sus aficionados viven una época de triunfos y gloria, pero también son conscientes que no siempre ha sido así. Y no tienen que tirar muchos años atrás para recordar que años atrás la felicidad y alegría no eran sentimientos cotidianos, y que celebrar títulos como en estas últimas temporadas no era lo habitual, sino todo lo contrario. Nos desplazamos a los primeros años de la pasada década, con Joan Gaspart como presidente del club catalán, época en la que llegaron (y se marcharon) numerosos jugadores hoy potenciales candidatos a engrosar esta sección de Mercafutbol. Y entre ellos, el protagonista de esta semana, el brasileño Fabio Rochemback.

Nacido en diciembre de 1981, el jugador llegó a Barcelona precisamente hace diez años, en verano del 2001, con Carles Rexach como entrenador culé, a cambio de 2.500 millones de pesetas (unos 15 millones de euros). Venía procedente del Internacional de Porto Alegre, donde sus actuaciones le permitieron debutar con la selección absoluta de su país, aunque tan sólo llegó a disputar siete partidos sin ver portería.

Centrocampista, el joven jugador -aterrizó en Can Barça con apenas 19 años- destacaba por su potente disparo, su nervio en el campo, y por ser uno de los brasileños más prometedores. Todo hacía indicar que sería una pieza clave en el esquema de Rexach, pero poco a poco, minuto tras minuto, Rochemback fue ganando méritos para conseguir cada vez menos afecto de su afición. Lo que en pretemporada eran elogios se fueron convirtiendo en críticas, a cada cual más mordaz, aprovechándose también del alto precio que se pagó por el jugador.

El medio era un futbolista que daba la imagen de entrengarse, de dejarse la piel en el campo, pero el nervio que le llevaba a poder perseguir al rival por todo el campo se convertía en ocasiones en una especie de irracionalidad que provocaba en la afición del Camp Nou un cierto miedo cuando estaba en el campo, ya que (casi) siempre las faltas más peligrosas del partido llevaban su firma. El miedo a una posible expulsión o penalti en contra creaba un runrún en las gradas azulgranas que poco ayudaron a Rochemback. Y el jugador apenas ponía de su parte para ganar el público, ya que era capaz de realizar una dura entrada nada más saltar al campo cuando su equipo iba por delante en el marcador.

A favor suyo siempre se postulaba su potente disparo, si bien en el Barcelona no llegó a traducirse en goles. De 45 partidos disputados con la elástica azulgrana en dos temporadas, Rochemback logró 8 goles, de los cuales sólo uno fue en competición europea. Eso sí, en uno de los mejores partidos que se le recuerda al Barcelona de Charly Rexach, el que jugaron en Anfield Road ante el Liverpool y el conjunto culé ganó por 1-3.

Pero el futuro de Rochemback no estaba en el Barcelona, y con la llegada de Louis van Gaal en el verano de 2002 la situación no mejoró. El momento culmen fue en la derrota ante el Valencia de Rafa Benítez por 2-4. Van Gaal decidió sustituir a Rochemback en el minuto 35 de la primera parte (con 0-2 en el marcador) y el brasileño, mientras enfilaba el camino hacia los vestuarios, tiró con rabia la camiseta del Barcelona. Fue el principio de su fin, al que le acompañó una sentencia del técnico holandés: «Tiene que imaginar porque un entrenador cambia a un jugador a los 35 minutos».

Al año siguiente Rochemback fue cedido al Sporting de Lisboa, donde estuvo dos temporadas y llegó a disputar la final de la Copa de la UEFA ante el CSKA de Moscú en 2005. Después fue vendido al Middlesbrough, con el que también llegó a la final del campeonato europeo, perdiendo la final ante el Sevilla de Juande Ramos. En 2008 regresaría al Sporting, para un año después fichar por el Gremio de Porto Alegre, el acérrimo rival del Internacional, club que le formó antes de su viaje por Europa como ‘joven prometedor’, un viaje con más pena que gloria.

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