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El fichaje estrellado: Farinós

Con el regreso del Hércules a Primera, el fútbol español ha vuelto a reparar en lo bueno que era Javier Farinós. Y también a preguntarse por qué perdió tanto tiempo y talento fichando por el Inter de Milán en el verano del año 2000. Aunque el motivo, no hay que estrujarse mucho el cerebro, fue el de casi siempre: los cerca de 20 millones de euros que los italianos pusieron sobre la mesa de negociación de Mestalla, deslumbrados por las tres espectaculares temporadas que el Fari completó con la entidad del Turia, incluida la disputa de la primera final de Champions de la historia ché.

Farinós llegó al Inter en medio de una disputa por su fichaje entre el cuadro nerazzurro y su máximo rival, el Milan, y con la clara intención de ser titular. No en vano fue uno de los fichajes más caros de aquel verano en Italia. Pero su estancia en la Serie A (cinco campañas en total, aunque con una cesión al Villarreal y al Mallorca de por medio) no fue un camino de rosas. En lo colectivo no sumó ningún título a su palmarés (de hecho formaba parte del recordado Inter que perdió el Scudetto en mayo de 2002 en el Olímpico de Roma en la última jornada, aunque no jugó) y en lo personal… en lo personal la experiencia resultó aún más negativa.

Farinós fue víctima de una de las peores lesiones que puede sufrir un deportista, un problema en el pubis, y tuvo que pasarse más de un año parado. Demasiado tiempo para después poder volver y tomarle el pulso a un equipo con tantas prisas como era aquel Inter y a una competición tan exigente físicamente como es la Serie A. Frustrado en Italia pero tras jugar un buen año como cedido en el Mallorca, Farinós se unió definitivamente a la disciplina balear, pero de golpe y porrazo su rendimiento volvió a caer, hasta el punto que ningún equipo de Primera División se atrevió a apostar por el jugador valenciano y ficharle.

Fue una época en la que el propio centrocampista ha reconocido que pensó en dejarlo, en dedicarse a otra cosa, pensando que en el fútbol ya había hecho todo lo que tenía que hacer. Pero su misión aún no había terminado, a pesar de que el Charlton, equipo inglés con el que estuvo a prueba, así lo considerara desestimando su fichaje incluso a coste cero. Poco después, en septiembre de 2006, el Hércules se cruzó en su camino y aunque de primeras pensó que firmar por un club de Segunda no era lo que merecía, terminó aceptando el reto, acoplándose a la disciplina alicantina, aprendiendo a quererla y, al final, guiándola de regreso a la máxima categoría del fútbol español donde ahora, a los 32 años, vuelve a disfrutar de lo lindo.

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