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El fichaje estrellado: Juan Román Riquelme

El protagonista de la sección semanal de Mercafutbol lo extraemos de la época más negra -en cuanto a títulos y situación económica del club-, aquella en la que el club fue presidido por Joan Gaspart y que no logró sumar ni un mísero título en los tres años de su presidencia, además de firmar una serie de fichajes que, años después, los disfrutamos en esta sección. Y el de esta semana, Juan Román Riquelme tiene una salvedad a su favor: el precio.

El mediapunta argentino llegó a Barcelona en verano de 2002 procedente de un Boca Juniors al que dejó huérfano, sin su estrella -aunque esa primera temporada Boca ganó la Copa Libertadores-, en la cresta de su etapa deportiva con 24 años. A cambio, el club azulgrana pagó 12 millones de euros, sin duda un precio bastante bajo tratándose del mejor jugador de Boca y de lo que la directiva de Gaspart había sido capaz de pagar años atrás: 16.8 millones por Philippe Christanval, 14.6 millones por Fabio Rochemback, 20.6 millones por Geovanni Deiberson, 15 millones por Alfonso Pérez, 21.6 millones por Gerard López o los 30 y 39.6 millones por Javier Saviola y Marc Overmars, respectivamente.

Además, se trata del que entonces era el fichaje estrella del verano, el hombre que debía guiar el Barcelona a volver a saborear el éxito tras tres años en blanco. Riquelme aterrizó en la capital catalana como el nuevo ídolo de la afición culé, ávida de grandes figuras. Y Riquelme lo era, o eso se esperaba en el Camp Nou.

Sin embargo, el jugador nacido en San Fernando volvió a evidenciar los problemas que atesoran la gran mayoría de futbolistas sudamericanos al aterrizar en Europa. Un tipo de juego diferente, más rápido, al que Riquelme le costó adaptarse. Además, la presión de ser la estrella de un Barcelona que hacía años que no llevaba nada nuevo a las vitrinas del museo culé acabó siendo una losa en su paso por el Camp Nou. Por no tratar el carácter reservado del futbolista, que no le ayudó en la adaptación.

Por no hablar de una persona que, sin duda, terminó siendo clave en su paso por el Barcelona: el técnico Louis van Gaal. El holandés llegó el mismo verano que el argentino, pero en su caso se trataba para comenzar una segunda etapa, y se encontró con el fichaje de un jugador que él no había solicitado. Para el entrenador Riquelme era un fichaje del presidente, y que además no tenía espacio en su esquema táctico. Un lastre más que terminó afectando el rendimiento del jugador, que no mejoró cuando en enero Van Gaal fue destituido por Radomir Antic. Poco a poco el fuego de Riquelme se fue apagando, como también la paciencia de la grada culé hacia el astro argentino, que en 42 partidos disputados sólo marcó 6 goles.

El verano siguiente se celebraron elecciones a la presidencia del Barcelona, y el entonces vencedor Joan Laporta nombró a Frank Rijkaard como nuevo entrenador del club. El holandés decidió hacer borrón y cuenta nueva en la plantilla y apartó a Riquelme junto otros jugadores en pretemporada, privándoles de poder viajar con el equipo a la gira correspondiente y viéndose obligados a entrenar con los fisioterapeutas del club -los preparadores físicos estaban con el equipo en Estados Unidos- a la vez que hacían todo lo posible por encontrar un nuevo equipo.

De hecho el futuro del argentino empezó a verse muy negro cuando en la presentación de Ronaldinho, éste lució la camiseta del Barcelona con el dorsal ’10’, el número que hasta entonces había llevado Riquelme. No obstante, y a pesar de estar marginado, el ex de Boca todavía mantenía cartel como para lograr una cesión al Villarreal, donde su rendimiento fue totalmente opuesto al que mostró en Barcelona. Con el club de Castellón llegó a disputar las semifinales de la Champions League en 2006, y de haber conseguido eliminar al Arsenal se habría encontrado con el Barcelona en la final de París. Cosas del destino, el argentino falló un penalti en los últimos minutos que habría provocado la prórroga.

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