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El fichaje estrellado: Pablo García

El centrocampista uruguayo Pablo Gabriel García Pérez (Pando, 11 de mayo de 1977), es digno miembro del club de fichajes estrellados de Mercafutbol por mucho que en su época como jugador de Osasuna se ganara la confianza del entonces técnico rojillo. Pero, sin embargo, su etapa en el Real Madrid es digna de ser recordada en esta sección semanal. Pablo García fue el uno de los últimos jugadores contratados por Florentino Pérez en su primera etapa como presidente del club de Chamartín, en un momento en el que la ‘Era Galáctica’ llegaba a su particular agujero negro.

El medio llegó al Santiago Bernabéu junto con su compatriota Carlos Diogo –también protagonista de esta sección– en el mismo verano que lo hicieron Cicinho, Julio Baptista, Robinho y Sergio Ramos, de los cuales sólo el último sigue en plantilla. Pablo García llegaba con la vítola de sucesor de Claude Makélélé, tal y como había ocurrido con Thomas Gravesen seis meses antes, pero como el danés no había cumplido con las expectativas creadas, el club decidió ir a buscar a otro que cumpliera con dichas funciones.

Y en estas vieron al entonces jugador osasunista como el mejor posicionado para tal objetivo. Pablo García había llegado a Europa mediante el Atlético de Madrid, que lo fichó para su filial después que éste llevara seis meses como futbolista del Peñarol de Montevideo. El conjunto colchonero lo cedió al Valladolid, donde no llegó a debutar, y terminó siendo traspasado al Milan. En San Siro sólo disputó cinco partidos y se marchó cedido al Venezia, donde firmó buenas actuaciones y llamó la atención de Osasuna en verano de 2002.

Tras tres temporadas fructíferas en el conjunto de Pamplona llegó al Santiago Bernabéu, donde en su aterrizaje se destacaron sus cualidades como mediocentro defensivo, llegando a ser considerado como necesario para el Real Madrid de entonces. Prácticamente no había dudas: se había encontrado al sustituto de Makélélé, cuya marcha había afectado al conjunto madridista las anteriores temporadas.

Tenía la misión Pablo García de dar equilibrio al equipo pero, sin embargo, sus limitaciones técnicas y la desmedida agresividad con la que jugaba provocaron su fracaso en el conjunto madridista. Terminó la temporada disputando 26 partidos en toda la campaña, aunque eso sí, le ganó la partida a Gravesen, que sólo jugó 17 encuentros.

No obstante, la llegada de Fabio Capello en verano de 2006 provocó la marcha del charrúa, que volvió a ser carne de cesión, el primer año al Celta de Vigo -donde se pasó casi todo el curso lesionado- y el segundo al Real Murcia. Al llegar el verano de 2008 club y jugador llegaron a un acuerdo para rescindir el contrato, y Pablo García hizo las maletas y se marchó al PAOK de Salónica a jugar en la liga griega, donde todavía sigue.

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