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El fichaje estrellado: ‘Petete’ Correa

Fernando Edgar Correa Ayala, más conocido como Petete Correa, nació el 6 de enero de 1974 en Montevideo. Formado en las categorías inferiores del River Plate de Uruguay, debutó como profesional a la edad de 15 años en el primer equipo charrúa, donde residió hasta las 21 primaveras, edad en la que fue fichado por el Atlético de Madrid en verano de 1995.

A la capital española llegó de la mano de Leo Biagini para reforzar una punta de ataque donde Lubo Penev y Kiko Narváez formaban la dupla atacante titular de Radomir Antic. Si Biagini acabó siendo un fichaje estrellado, en parte, por un mal inicio a orillas del Manzanares, el aterrizaje de Correa todavía fue más accidentado en la temporada del doblete colchonero. Biagini jugó 28 partidos y marcó cuatro goles mientras el Petete jugó nueve y no marcó ni un gol.

Sin embargo, mientras el argentino salió del Vicente Calderón para no volver, el ariete uruguayo pudo desclavarse un poco la espina tras dos años de cesión en el Racing de Santander. Tras anotar 27 goles durante sus dos años en el bloque cántabro, regresó al cuadro indio con más pena que gloria aunque con más protagonismo que en su primera y única temporada.

Tuvo que esperar hasta la temporada 2001-2002 para firmar su mejor año en el Atlético. Fue el año del ascenso, en el que se emparejó con su compatriota Diego Alonso, primo de Iván Alonso, para devolver al Atleti a Primera División en una campaña en la que Fernando Torres también tuvo un gran protagonismo en la punta de ataque.

Sin embargo, esta buena experiencia tampoco sirvió para que Correa triunfara en la entidad rojiblanca. Se ganó cierta fama de fiestero y trasnochador. Su calidad técnica le llevó a que su figura fuera aclamada en el Vicente Calderón al grito de «U-ru-gua-yo, u-ru,gua-yo», cántico que posteriormente adoptaría con creces y a pleno mérito Diego Forlán. No obstante, su estilo muchas veces perezoso e indolente fue un palo a las ruedas que tenían que llevarle a la cumbre tanto desde el Atleti como desde la selección uruguaya, para la cual nunca marcó a raíz de sus escasas apariciones.

En 2003, el Petete emigró definitvamente del Calderón para jugar en el Mallorca, el Valladolid y en el Shanghai Shenhua chino antes de regresar a su país natal, donde jugó para el Peñarol antes de volver a River, el equipo de sus inicios y amores, donde se acabó retirándose del deporte rey. Una Liga y una Copa del Rey conseguidas en la temporada en la que menos partidos jugó de toda su carrera son los únicos títulos que figuran en su palmarés.

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