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El fichaje estrellado: Ricardo Quaresma

Corría el verano de 2003 cuando Ricardo Quaresma aterrizaba en el Barcelona, avalado por el recién nombrado presidente, Joan Laporta. El máximo mandatario culé vio en el portugués al relevo de Luis Figo, ‘robado’ al Barcelona por el Real Madrid tres años antes de su nombramiento como presidente, y como argumento para ficharle, previo pago de 6 millones de euros, utilizó las majestuosas actuaciones consumadas por el jugador en las filas del Sporting de Lisboa. Allí, el portugués derrochó fuerza, velocidad, técnica y un potente disparo que tenía números de convertirle en un crack mundial.

Estas cualidades, sin embargo, no hicieron acto de presencia en un Barcelona en el que, todo hay que decirlo, nunca contó con el apoyo de su por aquel entonces técnico, Frank Rijkaard. No había sentido el holandés esa admiración que había experimentado Laporta y limitó sus opciones aprovechando que el luso no sabía exprimir las ocasiones de las que gozaba.

Diez partidos jugó únicamente Quaresma en Can Barça anotando un solo tanto durante su experiencia culé. La misma que, según las palabras que posteriormente pronunciaría para O Jogo, no le aportaría nada «en términos futbolísticos». «Aún hoy no me explico qué me pasó en el Barcelona porque al principio empecé jugando y las cosas iban bien, pero, de repente, llegó la peor época de mi vida y el entrenador no me dio explicaciones», relataba el luso que, sobre su técnico, añadió:

Él quería que jugase de una manera, y yo intenté hacerlo. Cambié mi forma de jugar para agradarle, pero siempre obtuve el mismo resultado: o al banquillo o a la grada. Luego decidí hacer mi fútbol y entramos en guerra

Estas declaraciones fueron realizadas después de que el luso era ‘utilizado’ por el Barcelona para abaratar el coste de Deco. Fruto de aquella operación llegaría otra época gloriosa del portugués, en este caso en las filas del Oporto.

Es Quaresma, sin lugar a dudas, profeta en su tierra, en la que siempre ha mostrado su mejor versión, ya fuera en las filas del Sporting de Lisboa o en las del citado Oporto. Allí se convirtió en el líder de la era post-Mourinho y volvió a mostrar sus mejores aptitudes. Sin embargo, cuando el Barcelona ya se arrepentía de haberle dejado marchar, el jugador fichaba por el Inter de Milán, otro grande que le vino, nunca mejor dicho, grande al luso.

Su primera campaña en el cuadro neroazzurro, que pagó la nada desdeñable cantidad de 20 millones de euros para ficharle, fue decepcionante y al acabar la temporada, el Inter le cedió a un Chelsea en el que tampoco recuperó la magia ni la facilidad para desbordar y asistir que, de momento, sólo ha exhibido en su patria.

Al acabar la cesión, de nuevo regresó a un Inter de Milán que sigue esperando que Quaresma se sienta como en casa y brinde esas cualidades que no ha exhibido en ningún club de renombre…

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