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Fichajes Históricos: Joaquín

El extremo gaditano creyó que forzaría fácilmente su traspaso al Valencia, pero no contaba con el poder casi despótico del propietario de su ficha: Manuel Ruiz de Lopera.

Joaquín, el día de su presentación con el Valencia

16 de agosto del 2006. Tras seis temporadas vestido de verdiblanco y convertido desde hace tiempo en el jugador que marca la diferencia dentro del Betis, Joaquín Sánchez declara públicamente que quiere cambiar de aires, acusando al club andaluz de hacer oídos sordos a las ofertas que llegan de equipos de primer nivel (esa misma semana, el presidente José León dijo que Joaquín seguiría en la plantilla porque nadie se había interesado por él), e incluso asegurando que hay una propuesta de «15 millones de euros más Regueiro» por parte del Valencia.

En principio, nada nuevo bajo el sol futbolístico: crack de equipo mediano que se encuentras con las reticencias de la directiva a venderle, declaraciones en prensa forzando un traspaso, y crack que se va a un club más grande…pero las cosas no eran así de sencillas con Manuel Ruiz de Lopera, entonces accionista mayoritario del Betis. Oficialmente, la postura del futbolista disgustó al expresidente verdiblanco (así como a la directiva y al técnico de los sevillanos, Javier Irureta) por haber sido adoptada apenas una semana antes del inicio de la Liga («si Joaquín hubiera dicho en mayo que se iba, se hubiera podido planificar con más tiempo [la temporada], pero no dijo que quería irse hasta que faltaban diez días para que se cerrase el plazo», le acusaría mes y medio después Lopera), pero también habían intereses económicos detrás, desde los que incidían en la propia entidad (se esperaba sacar más dinero por el jugador) hasta otros de cariz más personal («el Betis vale una cosa con Joaquín, y otra muy diferente sin él» había declarado meses atrás el propio Lopera, cuando valoraba la posibilidad de vender sus acciones).

El día 24, los medios de comunicación daban por hecho el traspaso de el Joako al Valencia a cambio de 25 millones de euros (y sin Regueiro), pero, al día siguiente, el atacante andaluz se encontraría con una desagradable sorpresa: Lopera, haciendo uso de una cláusula en el contrato con el futbolista por la cual podía cederle unilateralmente a cualquier club, le ordenó que se marchase a Albacete, porque le había cedido al equipo de la ciudad (entonces en Segunda División). Joaquín, estupefacto, decidió hacer caso y se personó en la sede del conjunto manchego, pero allí nadie le esperaba, y decidió hacerse una foto ante el estadio con un ciudadano que pasaba por allí para demostrarle al propietario del Betis que había cumplido. Todo, pues, había sido una demostración de poder del máximo accionista de la entidad verdiblanca.

Finalmente, el día 28, ya con la Liga empezada (habiéndose disputado, no por casualidad, un Valencia-Betis en la primera jornada), tras una reunión entre Lopera y Joaquín, y, dicen, con el Valencia amenazando de retirar su oferta si el futbolista no llegaba ya a Mestalla, el traspaso se efectuó, haciendo válida la cantidad ya acordada. Sin embargo, en su presentación como che, el jugador aún desvelaría dos aspectos más de esta tortuosa operación. En primer lugar, antes de la espantá con el Albacete ya se le había amenazado con cederle «a siete u ocho equipos»; y en segundo, Joaquín tuvo que perdonar el dinero que le adeudaba un Betis que ya sufría problemas económicos.

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