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Fichajes históricos: Romario

El PSV Eindhoven apostó por O baixinho a finales de los años ochenta, y disfrutaría de la mejor época de uno de los grandes delanteros de la historia del fútbol.

Romario, cuando asombraba al Philips Stadion

Ombliguistas que somos, a veces creemos que hay jugadores que se hicieron un nombre al llegar a nuestra liga, cuando la fama mundial ya les precedía: es el caso del mítico Romario da Souza Faria, quien, antes de vivir su cénit profesional con el FC Barcelona, ya maravillaba Europa jugando en las filas del PSV Eindhoven.

El equipo holandés, no obstante, no descubrió al futbolista brasileño de la nada (sin ánimo de faltar al Vasco da Gama, club en el que, en su primera etapa en él, el goleador estuvo de los quince a los veintidós años y ya se hizo bastante conocido entre los futboleros más indagadores -recordemos que no existía internet entonces-), sino que, como el resto del universo futbolístico, quedó maravillado por su talento en las Olimpiadas de Seúl 1988, donde el jugador sudamericano fue clave para que Brasil consiguiera la medalla de plata (perdió en la final contra la Unión Soviética por 2 a 1 -el único gol lo consiguió Romario-) al ser el máximo goleador del torneo con siete tantos.

Aunque el conjunto azulgrana ya estaba interesado por el futbolista en la época (también el Sporting de Lisboa), el PSV acabó fichándole poco después de terminar los JJOO (que tuvieron lugar en septiembre), el día 5 de octubre, tras desembolsar 700 millones de pesetas (4’2 millones de euros) por él, cantidad que pudo pagar precisamente porque disponía del dinero que había invertido el Barça por Ronald Koeman. La entidad neerlandesa rentabilizaría sobradamente la fuerte inversión, puesto que, con Romario en sus filas, ganarían tres ligas (las mismas en las que el brasileño fue máximo goleador de la competición, siéndolo también de la Copa de Europa en las campañas 1989/90 y 1992/93) y dos copas holandesas.

Cierto es, no obstante, que la temporada culminante en la carrera de O baixinho sería la de su primer curso en el Camp Nou (el Barça pagó por él 450 millones de pesetas -2’7 millones de euros-, con un sueldo anual de un millón de dólares -745.700 euros-), 1993/94, donde, además de ganar la Liga y convertirse en el pichichi del campeonato (y Bota de Bronce europeo), acabaría ganando el Mundial de EEUU 1994.

A partir de entonces, la actitud del delantero brasileño (en el Valencia apenas aguantó media temporada) le convertiría en un futbolista incompatible con la exigencia profesional de las grandes ligas europeas, pero no por ello dejó de marcar goles tanto en Brasil (Flamengo, Vasco da Gama, Fluminense…) como en Qatar (Al-Sadd), Estados Unidos (Miami FC), o Australia (Adelaide United).

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