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Informe Mercafutbol: El Villarreal, Garrido y la dolorosa venta de Cazorla

El Villarreal vendió a Santi Cazorla al Málaga el pasado 26 de julio. El asturiano, el hombre que aportaba electricidad y carisma al submarino amarillo, dejó 20 millones de euros en las maltrechas arcas del club de Castellón aunque, también, un vacío anímico y futbolístico del que el Villarreal aún no se ha recuperado.

En lo que llevamos de temporada, y sin Cazorla, el Villarreal sólo ha ganado un partido, frente al Mallorca, de los once disputados. Sobra decir que el bagaje es totalmente insuficiente y que, obviamente, la venta de Cazorla no es la única causante del pobre devenir del equipo de Castellón.

Aunque en El Madrigal se eche de menos la garra y el empaque del asturiano, el Villarreal también acusa las consecuencias de una plantilla con pocas alternativas y las escasas inversiones veraniegas realizadas. De entre todas ellas, la más destacada fue la de Jonathan De Guzmán, por quien el Villarreal pagó 8 millones de euros el pasado 31 de agosto.

El ex mallorquinista aterrizó en el equipo con la misión de relevar a Cazorla pero las diferencias entre el uno y el otro son considerables. Además, De Guzmán necesita un tiempo de adaptación y que el conjunto del equipo dé la talla.

Y tal circunstancia no se está dando. La debilidad defensiva del Villarreal es flagrante y la incorporación de Zapata, también fichado en la pasada subasta veraniega, no está ofreciendo las garantías esperadas. Además, Gonzalo Rodríguez no se encuentra en su mejor momento de forma; la edad de Marchena empieza a pesar y zagueros como Català, Mario o Joan Oriol están, todavía, demasiado verdes.

En la medular, Bruno continúa buscando su mejor versión y el criterio y orden de Borja Valero se quedan cortos para dirigir a un equipo que también tiene carencias en ataque. Especialmente, en cuanto a Nilmar se refiere. El brasileño está lesionado y su reaparición no se está prevista hasta mediados de noviembre.

Hasta que ésta no se produzca, el Villarreal arrastrará un pesado lastre al que hay que sumar la pérdida del estilo que le hizo grande. Ante los pobres resultados, el técnico del Villarreal, Juan Carlos Garrido, ha alterado la filosofía del equipo, ahora más basada en el contragolpe, y ha enervado a una afición que necesita recobrar la ilusión.

Puede que en los próximos partidos (el miércoles, el Villarreal se enfrenta al Real Madrid) la situación mejore o que, por el contrario, la directiva del submarino amarillo opte por tomar medidas drásticas. La primera empezaría por la caída del entrenador (siempre son los primeros en caer) y la segunda sería acudir, con urgencia, al mercado de fichajes invernal, en enero. De los próximos acontecimientos depende.

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