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Informe MF: sobre la posible salida del Tata Martino…

Sonriente y sin corbata, así aterrizó Gerardo Daniel Martino en el Fútbol Club Barcelona el 22 de julio de 2013. Fue el vicepresidente económico, Josep Maria Bartomeu, hoy presidente azulgrana, quien le dejó al técnico argentino la corbata para su rueda de prensa de presentación. Entendía el Barça que el club no podía permitirse un acto oficial sin ese impresincidible accesorio. Martino hizo su primera aparición ante los medios de comunicación con la corbata de Bartomeu y siguió sonriendo, poco consciente de la que se le venía encima.

La anécdota no pasaría de eso, de anécdota, si no fuera porque evidencia un primer desencuentro entre la entidad y el entrenador argentino. Martino y el Barça no están en la misma onda desde que el técnico aterrizó en la Ciudad Condal para ocupar el lugar de Tito Vilanova. Aquel día fue la corbata, luego la posesión ante el Rayo, luego el polo pistacho, luego las rotaciones, luego el mal juego… y pasados ochos meses, la sensación es que Martino aún no ha encajado en un club que, como él mismo dijo, no se lleva muy bien con los técnicos que no han nacido en Catalunya o en Holanda.

El famoso entorno azulgrana, en este caso con la potente y casi siempre fiable voz de TV3, ha afirmado ahora que el Tata no cumplirá su segundo año de contrato y se marchará a final de temporada del Camp Nou. Y a nadie le extraña. El favor del Barça al Tata empezó y acabó la noche en que Sandro Rosell lo llamó para ocupar el banquillo de la entidad azulgrana. Desde entonces, Martino se ha limitado a clasificar al Barça para cuartos de Champions, para la final de Copa y, en marzo, mantiene vivas sus opciones de llevarse el título de Liga. Recordemos, por ejemplo, que Pep Guardiola se despidió de la competición nacional en la temporada 2010-2011 mucho antes de que el Madrid asaltara el coliseo azulgrana (1-2) en el mes de abril.

¿Qué ha recibido Martino a cambio? Críticas. Críticas a su polo pistacho, a la supuesta pérdida de identidad del Barça, a la irregularidad del equipo y a su incapacidad para cambiar el rumbo de los partidos cuando éstos se tuercen. El análisis, sesgado, da la razón a sus detractores, pero lo cierto es que Martino ha aterrizado en el Camp Nou en la etapa más convulsa de la reciente y lustrosa historia azulgrana. El Barça juega hoy peor que hace cuatro meses. Y hace cuatro meses, jugaba peor que hace un año. Y el Barça de Tito era peor que el Barça de Guardiola. Incluso el Barça de Guardiola, en su última temporada, era notablemente inferior al equipo que se llevó el memorable sextete… aunque los futbolistas eran los mismos.

Recapitulemos. El Barça le regala un caramelo al Tata en forma de banquillo azulgrana y el Tata se da cuenta que dentro de ese dulce sólo aparece la más que probable amarga y necesaria revolución de la plantilla. O sea, el club azulgrana hace responsable a un técnico rosarino, ex futbolista, sencillo, sin corbatas en su maleta y sin experiencia en los banquillos internacionales (más allá de su cargo de seleccionador de Paraguay), de la desemembración del mejor equipo de fútbol de la historia. No, no parece una tearea sencilla. El Tata, puro sentido común, confía en una plantilla de la que lleva disfrutando cuatro años por televisión.

Más. Sandro Rosell apuesta por el fichaje de Gerardo Martino en verano. El entonces presidente del Fútbol Club Barcelona sabe que es una apuesta arriesgada, pero se la juega y se convierte en su principal valedor. En una rueda de prensa sobre el asunto Neymar, el coach argentino da la cara por su presidente y dice que confía en su inocencia. Dos días después, Rosell convoca a los medios de comunicación para anunciar su dimisión irrevocable. Entre medio, insistimos, críticas y más críticas por el estilo del Barça, por la imagen del equipo fuera de casa y por vaya usted a saber qué habrá hecho el Tata. ¿Estabilidad? No, gracias.

Dejando a un lado el juego del equipo y su escasa evolución táctica respecto al año anterior, Martino ha sabido llegar al momento clave de la temporada con las opciones casi intactas y con sus piezas básicas a tope físicamente. Acostumbrado a una afición, la argentina, que venera a sus ídolos y se deja la voz y el alma por los colores de su equipo, el Tata debe pensar que se ha vuelto loco cuando el equipo gana 0-4 en casa de un rival de nivel (el Rayo de Paco Jémez) y la prensa azulgrana se pasa dos meses hablando del estilo, antes de sacar una lista de sustitutos para el banquillo que sí apuestan por tener el balón. Como si los cuatro goles del Barça hubieran sido en propia puerta.

El tiempo, cada vez menos, dirá si a Gerardo Martino le queda grande el banquillo del Barça, pero el club azulgrana y su famoso entorno no han parado de estirarlo desde que llegó a la Ciudad Condal con una sonrisa y sin corbata. Por eso, aunque no sabemos si el Tata se irá del Barça a final de temporada, no nos extrañaría nada que se quisiera ir…

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