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La amarga despedida de Vicente

Vicente Rodríguez se despidió, anoche, de la que ha sido su casa durante los últimos 11 años. En Mestalla saboreó las mieles del triunfo y alcanzó sus mejores cotas en 2004, cuando fue proclamado mejor jugador español, a través de las votaciones de los entrenadores de la Liga, y se adjudicó la Liga y la Copa de la UEFA con el Valencia.

Por aquel entonces, Vicente Rodríguez derrochaba ilusión y el optimismo inherente a una temporada brillante, en la que había patentado su veloces internadas por banda izquierda y sus hábiles y endiablados regates. Unas señas de identidad que, sin embargo, el destino truncaría ese mismo año, concretamente el 29 de septiembre de 2004.

Ese día, en el partido frente al Werder Bremen, disputado en la fase de grupos de la Champions League, Vicente caía lesionado de su tobillo izquierdo e iniciaba un largo y cruel peregrinaje de lesiones. Éste, de hecho, se ha prolongado durante siete años de continuas recaídas, discrepancias con los diagnósticos médicos y falta de confianza por parte de entrenadores como Ronald Koeman y, ahora, Unai Emery.

El técnico vasco tampoco ha sido capaz de recuperar al mejor Vicente, aquel que deslumbró, que parecía llamado a convertirse en un jugador de leyenda y que ya se ha despedido de la grada de Mestalla, la que tan bien le acogió desde su llegada a Valencia, en el año 2000 y previo pago de 4,5 millones de euros. Previamente, Vicente había jugador en el Levante, rival del Valencia, curiosamente, el día de su despedida.

Ahora, con la carta de libertad bajo el brazo, el extremo zurdo deberá decidir dónde prolongar su carrera, y si pretende hacerlo. En enero sonaron para él equipos como el Blackburn, el Fenerbahçe, el Schalke 04 o el Atlético de Madrid. Veremos si reeditan su interés en el valenciano en la próxima subasta veraniega.

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