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La nueva realidad del Valencia

Ser aficionado del Valencia hace no mucho era realmente fácil, entendiendo esto como algo teóricamente sólo al alcance de clubes ganadores como Barcelona y Real Madrid. Los dos grandes del fútbol español acumulan la mayoría de seguidores entre la población española y hubo un tiempo, no muy lejano, en el que el Valencia podía competir no quizás en número de fans, pero sí en lo que realmente importa, es decir, sobre el césped, con los dos gigantes.

A principios del presente siglo, la Liga era cosa de tres. Los títulos se los repartían entre Real Madrid, Barcelona y Valencia que, además, solían ocupar las posiciones sucesivas al campeón, o muy próximas al mismo. Pero no hace falta irse tan lejos, a casi más de una década, para darse cuenta de la importancia futbolística del club che en la Liga española. De hecho, con echar un ojo a las últimas temporadas, nos basta y nos sobra. El Valencia encadenó tres terceros puestos consecutivos entre la 2009-10 y la 2011-12, habiendo sufrido progresivamente las bajas de Albiol, Villa, Silva, Joaquín y Mata, entre otros.

El club, presidido entonces por Manuel Llorente, tenía que hacer frente a varios aspectos que no le permitían retener a sus estrellas, que copaban las convocatorias de la Selección española. La primera es la voluntad de los propios jugadores de marcharse a clubes con mayores probabilidades de éxitos deportivos, y la segunda, quizás la más importante, la necesidad del club de obtener ingresos por los malos momentos económicos que ha atravesado en los últimos años.

Aun así, a pesar de las salidas de sus mejores jugadores, el Valencia seguía firme en su persecución de Real Madrid y Barcelona, siempre clasificándose de manera directa para la Champions League. Hasta el año pasado. Fue un curso extraño, con cambio de entrenador incluido en un ambiente crispado hasta que se confirmó la no clasificación para la máxima competición continental, la salida de Ernesto Valverde y la dimisión de Manuel Llorente de la presidencia.

Esta temporada es sólo una más de las muchas en las que el Valencia ha tenido que vender para saldar sus cuentas, aunque esta vez haya sido al margen de la voluntad del club, ya que fue el Tottenham el que pagó la cláusula de rescisión de Roberto Soldado para llevárselo a White Hart Lane. También se ha marchado el capitán, David Albelda, retirado. Además se produjeron las salidas de Gago, Tino Costa y Nelson Valdez, así como la cesión de Jonathan Viera al Rayo.

Los fichajes han sido, como casi siempre, prometedores y asequibles económicamente hablando, imperando la ley del bueno, bonito y barato. Javi Fuego y Oriol Romeu prometen mucho trabajo en el centro del campo, mientras que Postiga, Pabón y Míchel deberían ser suficientes para reemplazar a Soldado en la faceta goleadora.

Pero a pesar del esfuerzo de la nueva directiva, la plantilla del Valencia se ha visto muy mermada y, además, ha visto cómo le adelantaba el Atlético de Madrid para convertirse en el tercer equipo de España. Clasificarse para la Champions League será otra vez muy complicado, pero será lo mínimo que exija la parroquia che. En mi opinión, es una exigencia demasiado alta para un club que ha perdido a todos los activos más importantes de su plantel en cuatro años y que, además, tiene la obligación de llegar lejos en la Europa League y la Copa del Rey. Un buen papel en estas dos competiciones coperas y un puesto en una de las tres plazas europeas restantes debería considerarse el objetivo real y, de conseguirse, calificarse entonces de éxito la temporada de un equipo siempre en reconstrucción.

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